El mundo es un manjar sabroso lleno de aromas y sabores. No sé si a ustedes les ha pasado
que con los aromas uno empieza a viajar a los recuerdos, a volver a pasar por el corazón. A
mi me sucede que cuando escucho el sonido lluvioso de un diente de ajo que se sofríe en
una cucharada de aceite. De manera inevitable pienso en un puerto a orillas del Río Grande
de la Magdalena, con somnolientas iguanas explayadas en las ramas de los suanes. Un
puerto oloroso a jugo de naranja, a nísperos, a arroz con coco, a Dulce de plátano maduro.